Tertulias de moros y desmemorias españolas

Sería bueno definir los diferentes conceptos que se introducen en la jerga política y luego pasan a la ciudadana, incluso compartirlas. Por lo menos tendríamos un consenso, el del significado de las palabras

Sería bueno definir los diferentes conceptos que se introducen en la jerga política y luego pasan a la ciudadana, incluso compartirlas. Por lo menos tendríamos un consenso, el del significado de las palabras.

En mi modesto entender: la memoria democrática sería aquella que nos conduce a mantener vivo el recuerdo de aquellos hechos históricos y personas que defendieron la democracia; fortalecería nuestra convivencia. La histórica (memoria) sería la que constituye el patrimonio común de los españoles, la historia compartida. Las relaciones con Marruecos pertenecen a esta categoría. No lo olvidemos, memoria es la facultad por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.

Las sociedades y los Estados no sólo no deben olvidar el pasado, deberían aprender de él. Cualquier experto en prospectiva español, a corto, medio y largo siempre debe incluir las relaciones hispano-marroquíes como tema obligado, en el cual es imprescindible trabajar todos los días, así y sólo así estas serán pacificas e incluso productivas.   

Las relaciones económicas entre los dos reinos han llegado a ser un elemento esencial de fortalecimiento de la convivencia de ambos países. Hasta la pandemia en progresivo crecimiento, más de 1.455 empresas de capital español, una inversión acumulada de más de 4.750 millones de euros, más de 21.800 empresas españolas exportaron a Marruecos por 8.454 millones, un 2,7% más que un año antes. En este capítulo, a futuro es importante la posible participación de empresas españolas en los fondos dispuestos por el gobierno marroquí para la recuperación económica, un fondo de inversiones estratégicas (Fonds Mohammed VI pour l’investissement) dotado con más de 55.000 millones de euros en infraestructuras hasta 2035. Sin embargo, la experiencia nos dice que las relaciones económicas como las políticas siempre penden de un delgado hilo.

Las llegadas masivas de emigrantes marroquíes y subsaharianos ya nadie dice que no son casuales, ni para la UE siempre remisa a pisar estos terrenos

Las llegadas masivas de emigrantes marroquíes y subsaharianos ya nadie dice que no son casuales, ni para la UE siempre remisa a pisar estos terrenos. Muy ingenuo sería verlo de otro modo. La acogida del líder del Frente Polisario para su cura en un hospital español tiene mucho que ver, como ha reconocido Marruecos, pero no es todo. Si sólo fuera eso sería sin duda una reacción desproporcionada con consecuencias. Utilizar personas, niños muchos de ellos, como elemento de choque para presionar es totalmente reprobable, aunque no nuevo; sin ir más lejos la famosa Marcha Verde fue lo mismo. Lo significativo es que estamos ante una operación orquestada y organizada por un Gobierno, un sujeto internacional de Derecho. Eso parece estar ya fuera duda. La responsabilidad internacional del incumplimiento de las labores fronterizas por un Estado poniendo en riesgo vidas humanas deben ser exigidas y en eso ¿estamos todos de acuerdo?

Nada nuevo. Los que hemos tenido la ocasión de aproximarnos con cercanía al problema (marroquí) nada nos puede sorprender. A veces uno ha llegado a creer que, si las autoridades marroquíes aplicaran todas sus habilidades en la solución de los problemas, como por descontado tienen para crearlos, Marruecos sería muy distinto. En el fondo subyace una falsa concepción de la identidad nacional que los lleva a hacer valer su razón por una exacerbada presión y de las formas más rebuscadas y tribales.

Unos ejemplos: En marzo de 1990 los puertos españoles del sur fueron bloqueados por pescadores que protestaban por la laxitud del gobierno español por el acoso al que eran sometidos por las autoridades marroquíes, cuyos guardacostas les hacían parar y auto inculparse de faenar en aguas con parón biológico. En realidad, la verdadera razón marroquí era la negociación de los acuerdos preferenciales entre Marruecos y la CEE (hoy UE) los cuales se encontraban encallados hacía meses. Otro, durante la Operación Paso del Estrecho la Guardia Civil detectó que las familias, en tránsito de su regreso vacacional, llegaban al Puerto de Algeciras con componentes sospechosos. Era la peculiar forma de introducir hora miembros de los servicios de inteligencia para controlar la oposición al régimen, otrora delincuentes profesionales que por un módico precio eran introducidos en territorio europeo y alejados de su país.  

En este momento, Marruecos lleva meses mandando mensajes, a su estilo, a las autoridades europeas y españolas. Estamos aquí y no somos cualquiera, somos los turcos del occidente mediterráneoNo podemos ser uno más en la agenda africana europea, menos en la española¿Es un chantaje político? Sin duda, pero las relaciones con Marruecos son siempre complejas y ellos también buscan su hecho diferencial, basado en su capacidad de crearle graves problemas a España, con el poder que les da estar a apenas 12 Km del continente europeo, si descontamos que Ceuta y Melilla son frontera terrestre.  

Es sabido, con ellos no cabe aplazar cumbres y encuentros, es su constante “un poquito de por favor”. Ello explica lo que a veces es visto por algunos como una excesiva política complaciente con Marruecos, y no falta razón. Dicho esto, no es fácil poner pie en pared a esta forma de entender las relaciones internacionales.  

Es obligado disponer de una clara política, tanto española como europea, con Marruecos. España tiene que tener una especial sensibilidad, por vecindad, intereses económicos y personales. La inmigración marroquí es la más numerosa en España, acercándose al millón entre marroquíes o de origen. Además, es en los marroquíes, donde tiene la extrema derecha su obsesiva fijación, seguidos de los subsaharianos que entran en España de forma irregular vía Marruecos. Es la cuestión que puede hacer crecer el discurso xenófobo, y aun más si el desempleo crece.

La cuestión saharaui no es una más en estas complejas relaciones. El futuro del Sahara hace tiempo dejó de ser el de una comunidad política expulsada de su territorio para ser la tragedia de unas 150.000 personas que sobreviven entre la hambruna y la suciedad en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia). Muchos de ellos jóvenes y niños son la tercera generación de expatriados, que nunca vieron el Sahara Occidental. El origen fue un fracaso de la política exterior del franquismo y postfranquismo. Después de más de 45 años lo es de la Comunidad Internacional en su conjunto, ni la UE ni la ONU han sabido resolver un problema que solo les ocupa cuando les preocupa, como estos días. Salvando las distancias, el problema del Sahara es una tragedia humana lo mismo que Palestina producto de la incapacidad política y de los intereses encontrados.

España no debe poner el problema del Sahara en el frontispicio de sus relaciones con Marruecos, pero sí abordar la cuestión con manca fineza, superando preconcebidos que llevan a caminos equivocados. Las relaciones con Marruecos deben tener una posición prioritaria en la política exterior española. Una política mantenida, firme y rigurosa, fruto de un amplio consenso. Las relaciones con Marruecos y la política migratoria deben ser partes del proyecto de país compartido que se echa tanto en falta como en estas ocasiones. No nos vaya a estar pasando a los españoles lo que decía Ali Bey de nuestros vecinos del Sur: “El moro desocupado sale de su casa por la mañana, se sienta en tierra en la plaza o en un paraje público; algunos otros habitantes van llegando casualmente y hacen lo mismo. De este modo forman tertulias, donde se están hablando todo el día(i)».


(i) Ali Bey Viajes por Marruecos 1814 (Ali Bey es el nombre utilizado por Domingo Badía y Leblich barcelonés, militar, espía y arabista).

Por psoech